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Ayotzinapa, Dublín, Madrid. 20 N combativo.

Según he leído, los primeros irlandeses que se revelaron seriamente contra la ocupación británica recibieron insultos y escarnios, al punto de ser escupidos por parte de muchos de sus compatriotas, que no veían o no querían ver, el daño que hacía la ocupación. Cuando el imperio británico comenzó las levas obligatorias e irlandeses fueron consecuentemente masacrados a discreción en las horribles contiendas del sangriento S.XX, entonces ya, muchos más irlandeses se convencieron que ir a morir por el lustro de las joyas de un país opresor no es nada divertido.

Aquí en México, en las manifestaciones, la policía no porta pelotas de goma, trae armamento pesado. Así que una manifestación en favor de desaparecidos, custodiada por elementos uniformados sobre los que pesa la seria acusación de haber tomado parte en la eliminación de 43 personas; es un cuando menos un hecho más que meritorio. Al otro lado del Atlántico, donde se fabrican muchas de las facturas que paga el mal llamado Nuevo Mundo, vivía con cierta conmoción la muerte de la Duquesa de Alba, que como buena aristócrata española, era de apellidos extranjeros, eso sí, del más rancio abolengo.

Las filas de gente formada para despedirse de la popular duquesa y el desarrollo de la noticia de su deceso en los medios de comunicación me asquearon a partes iguales. Una persona que tenía el nada baladí privilegio de ir al baño en la mañana a leer la primera edición del Quijote y limpiarse sus nobles partes con el primer mapa de América que trazó el mismísimo Colón merece una despedida en condiciones. La fortuna, libre de tributos a la hacienda pública, que eso de pagar impuestos es de populacho, valorada en 3200 millones de euros, da una idea de lo poco que consiguió transformar la transición los esquemas tradicionales de la dictadura, la cual, extremos fascistas a parte, fijó la estructura de poder en condiciones palpablemente medievales.

En extremo es extraño reconocer que tal vez de los lugares más complicados es de donde salen las esperanzas más claras. No cabe duda que las manifestaciones por Ayotzinapa son un punto de giro del guión, una muestra clara de agotamiento de un régimen cuya calidad democrática es prácticamente nula. Y donde se rige la vida política del país a base de muchas prerrogativas dictatoriales, impuestas por la violencia y el terrorismo de Estado y el control mediático. Sin duda una brecha se ha abierto con la decidida participación en las manifestaciones del 20N, fecha de conmemoración de la Revolución Mexicana, y combativa por antonomasia, desde las calles de Madrid a las plazas de Guerrero.

 

 

 

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